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El Jano de Candelario

La sierra de Bajar alcanza, en el término de Candelario, 2.400 mts. de altura sobre el nivel del mar, y el pintoresco caserío de esta villa se recuesta en la falda occidental de dicha sierra, en cuyas cumbres nunca falta nieve.

Un señor que hace tres años pasó el estío en Candelario vio entre las piedras de una pared que una de las que la formaban, que era redonda y pulida, representaba rudimentariamente una cara humana, y como esta figura le llamó la atención, hizo una foto de ella y se la regaló al señor cura párroco, D. Luis Harguindey.

Este sacerdote, que es aficionado a la arqueología, envió tal foto a un amigo suyo, al que place también el estudio del arte antiguo, y por gestiones de ambos, con el fin de examinarla mejor, se sacó la piedra de la pared en que estuvo y entonces se vio que ese mampuesto era la escultura de una cabeza que tiene dos caras separadas por una canaleta y que cada uno de estos rostros mira a un lado tal y como en la mitología romana se representaba al dios Jano.

Esa escultura mide por un lado veinte centímetros y por el otro veintitrés.

Su mayor contorno tiene sesenta y seis centímetros, el más pequeño cincuenta y nueve y pesa casi doce kilogramos.

El mampostero que hizo la pared, entre el material que preparó para ella o que le pusieron al pie de la misma, encontró esta obra de arte primitivo y sin duda, con la intención de que quedara visible, colocó de paramento en el muro una de las caras que tiene esa escultura antiquísima.

Como ese rostro quedó mirando a poniente, ha estado expuesto a la acción de los hostigos, que en Candelario son muy fuertes, creemos que desde el último tercio del siglo XVII, en cuya época debió hacerse esa pared, y allí hubiera seguido si esa cara no hubiese llamado la atención del veraneante que hizo dicha foto. El poblado candelariense existía antes de comenzar la era cristiana y también otros muchos en los llanos y las montañas de la tierra de Béjar.

En San Bartolomé de Béjar, que, como Candelario y otras aldeas, formaba parte de nuestro sexmo de la sierra, hemos visto, colocada en uno de los muros de la iglesia parroquial, la mitad de una lápida romana que testifica que los romanos también por allí se adentraron en esta parte de la antigua Vetonia.

El nombre cristiano actual del pueblo, San Bartolomé, ha echo olvidar el ibérico o celta que tuviera ese poblado.

De igual modo el actual nombre de Candelario, que ahora recuerda una dulce advocación de la Santísima Virgen, ha sustituido al precristiano que sin duda tuvo el primer núcleo de población que hubo en aquel lugar sano, abundoso de aguas, pastos para mantener ganados, de buena arboleda y de los principales medios de vida que sirvieron de base para la agrupación de viviendas que constituyó el origen de los poblados, y hasta Candelario llegaron los romanos que por aquí sometieron a las tribus vetonas.

Jano era la principal divinidad de la mitología etrusca, y etruria que cinco siglos antes de la era cristiana dominó a Roma, y llevó a esta gran ciudad el culto a ese dios pagano.

Jano, con un semblante miraba al pasado y veía, por decirlo así, cuanto había acontecido en el mundo.

El otro rostro de Jano miraba al futuro y porque así también veía cuanto había de suceder, le invocaban los reyes, las demás jerarquías y los hombres todos, pidiéndole que los inspirase las mejores resoluciones en cualquier asunto público o privado, colectivo o familiar, para el que pedían la protección de esa deidad latina y al modo como Etruria llevó a Roma el culto a Jano, Roma difundió ese mismo culto por todo el imperio.

Y sin duda algún romano fervoroso, que desde la ciudad de los Césares vino a la conquista de este suelo y vivió en el pueblo que hubo donde ahora está Candelario, vio por acaso la maza que forma el granítico y pulido rollo sobre el que hablamos y pareciéndole que con poco de trabajo podía hacerse con ese rollo una cabeza de doble rostro que representara a Jano, labró o hizo labrar a un picapedrero la rudimentaria efigie de esa divinidad itálica y probablemente la dio culto en su propio hogar.

¿En qué tiempo pudo labrarse esa Cabeza de Jano?

Siglo y medio antes de la era cristiana ya se celebraban en Roma las fiestas de Jano, precisamente al empezar el año nuevo.

Por eso se cree que el mes de enero -en catalán Gener y en Francés Janvier- tomó nombre del dios Jano y como las mayores huellas de la dominación romana que en nuestra comarca perduran son de la época de los emperadores, puede creerse que ésa escultura de Jano se labró poco antes o al principio de la era del César.

En los comienzos de ella, el Apóstol Santiago empezó en España la predicación del Evangelio; entonces principió en nuestra Península la decadencia de la mitología romana, y en pocos siglos el cristianismo hizo olvidar el culto a sus dioses.

Prolongo ese olvido la invasión de los ejércitos musulmanes, que asolaron tantos pueblos de nuestra Península y llegaron a dominar cuantos había entonces en la comarca de Béjar, y por ésas causas la escultura de Jano rodó entre otras piedras, creernos que hasta el año 1.683.

Probablemente durante el se construyó la pared en la que esa escultura ha estado va para tres siglos, y según queda dicho el mampostero o picadero que levantó esa cerca halló esta cabeza de doble rostro y se hizo cargo de su mucha antigüedad, pero no pudo interpretar lo que representaba.

Entonces este artesano, que estaba habituado a labrar la dura piedra de nuestra comarca, picando hábilmente el rollo a los lados y por debajo de la nariz, puso a uno de los rostros bigote a la borgoñesa, como a la sazón se llevaba; grabó el año que estaba en curso y además trazó en la maza un simple dibujo de arte popular.

La forma de la piedra es adecuada para colocarla de tizón y al ponerla asi en la pared que construía dejó en ella como paramento el rostro más rudimentario de los dos que tiene la milenaria escultura, y asi ha estado hasta que acertó a verla el veraneante que hizo de ella la primera fotografía y se la entregó al Sr. cura párroco D. Luis Harguindey.

A juicio del que firma, este fue el modo como, en tiempo remoto, se labró esa imagen de Jano, y ésas también la fecha cercana y las circunstancias en las que se reformó una de sus caras y puso en la otra un simple dibujo, verdaderamente infantil.

Conviene advertir que los dobles rostros de Jano que se conservan en la antigua Etruria no tienen bigote ni barba y, por lo tanto, la cabeza de Jano hallada en Candelario se ajusta perfectamente a la tradición iconográfica de ése dios latino.

También parece que existía en Italia la tradición de un rey fabuloso de doble cara, que se llamo Jano y que por mirar y ver a un tiempo el pasado y el futuro de aquel país pudo gobernar con acierto su reino.

A ése rey semidiós, cuyo mito es una variante del dios Jano, representan a caso los Janos que ostentan doble cara barbada al modo natural, como están barbados los rostros de tantos emperadores, poetas y otros hombres celebres que tuvo Roma.

En la Calzada Romana de “La Plata” -cuyo tramo de nuestra provincia tan a fondo han estudiado el sabio agustino Padre César Morán Bardón (q.e.p.d) y el que fué ingeniero-jefe de Obras Públicas de la provincia de Salamanca D. Bienvenido Oliver y Román, que felizmente vive-se conservan columnas miliarias en las que se leen los nombres de varios emperadores que repararon largos trozos de ése bien trazado camino.

A nuestro juicio, la cabeza de doble rostro encontrada en Candelario es un vestigio de la civilización romana quizá anterior a los emperadores que arreglaron la Vía Lata y que, sin duda, representa a Jano.

Lo acredita así la circunstancia de que encima de la fecha 1.683 escrita en números árabes, hay cuatro letras latinas de la época de Roma que dicen YOVA, esto es, Jove o Júpiter, que es lo mismo que si dijera Jano, porqué ambas divinidades paganas venían siendo la misma deidad.

Y los dos hoyuelos que se ven aproximadamente por bajo de ambas sienes están hechos por mano de hombre cuando se labró esa piedra, y quizá en esa escultura romana son la supervivencia de una superstición ibérica, semejante a la muy extendida en nuestros días respecto a la herradura vieja, de la que muchos esperan buena suerte.

Creernos, pues, que el pétreo documento artístico y escrito que representa la cabeza de Jano basta para demostrar la remota fundación del poblado candelariense.

De muchas aldeas de nuestra tierra que se formaron en la edad antigua, la más unida a Béjar fue siempre Candelario. Ello es debido a que el río Cuerpo de Hombre nos enlaza desde el principio de la historia, sigue uniéndonos nuestros días y así ha de continuar en el futuro, porque ésa inagotable corriente de agua purísima que desde lo alto de la sierra de Béjar se despeña a lo largo de nuestros términos municipales, es el principal elemento de vida que tienen ambas poblaciones, y las fábricas que se han construido junto a las riberas de ése río dan actualmente mucho trabajo y prometen todavía mas intensa labor a los moradores de estos y los demás pueblos de la nuestra y de otras cercanas jurisdicciones, porque Béjar es la capital industrial del Oeste de España y su progreso promueve e impulsa el adelanto y la mejora de toda su comarca, que comprende territorios en las provincias de Salamanca, Ávila y Cáceres.

Por Juan Muñoz García

Texto obtenido en el trabajo elaborado para el Seminario de Arqueología de la Universidad de Salamanca.
SOBRETIRO DE ZAPHYRVS IV Salamanca 1953.
Homenaje a Cesar Moran Bardon
O.S.A.

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